Introducción

Ave María Purísima, sin pecado concebida. Bienvenidos, amados hermanos en Cristo, a este espacio de paz, recogimiento y profunda comunión con nuestro Creador y nuestra Santísima Madre, la Virgen María. Hoy, viernes 29 de mayo de 2026, nos unimos como un solo cuerpo místico para contemplar los Misterios Dolorosos del Santo Rosario. En este día, caminamos junto a Nuestro Señor Jesucristo en el sendero de su dolorosa Pasión, ofreciendo cada cuenta de nuestro rosario por la conversión de los pecadores, la paz del mundo, el alivio de los enfermos y nuestras intenciones más íntimas.

Permite que tu corazón se silencie, deja atrás las preocupaciones cotidianas y disponte a recibir las infinitas gracias que el Señor derrama a través de la intercesión de su Santísima Madre.

Oraciones Iniciales

Iniciamos santiguándonos con devoción y respeto:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Propongo firmemente, ayudado de vuestra divina gracia, enmendarme y nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

El Credo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Rezamos un Padre Nuestro, tres Ave Marías (para el aumento de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad) y un Gloria.

Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María (I): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Ave María (II): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Ave María (III): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Los 5 Misterios Dolorosos

Primer Misterio: La Agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní

Lectura bíblica (Lucas 22, 41-44): «Y se apartó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y de rodillas oraba, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra».

Meditación: Contemplamos a nuestro Salvador sumido en la más honda tristeza, experimentando el peso de todos nuestros pecados. En este misterio, pidamos la gracia de la perfecta conformidad con la voluntad de Dios, especialmente en los momentos de prueba y dolor.

Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías, 1 Gloria y la Jaculatoria de Fátima.

Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre… (completo)

10 Ave Marías: Dios te salve, María, llena eres de gracia… (se repite diez veces meditando en la agonía del Señor)

Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo… (completo)

Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia.

Segundo Misterio: La Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo

Lectura bíblica (Juan 19, 1): «Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó».

Meditación: Miremos a Jesús atado a la columna, soportando el desgarro de su carne sagrada por amor a nosotros. Ofrezcamos este misterio para reparar los pecados de impureza y pedir la gracia de la pureza de cuerpo, mente y alma.

Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías, 1 Gloria y la Jaculatoria de Fátima.

Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre… (completo)

10 Ave Marías: Dios te salve, María, llena eres de gracia… (se repite diez veces meditando en los azotes que sufrió Jesús)

Gloria: Gloria al Padre… (completo)

Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados…

Tercer Misterio: La Coronación de Espinas

Lectura bíblica (Mateo 27, 28-29): «Y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!».

Meditación: El Rey del Universo es burlado, escupido y coronado de dolorosas espinas. Meditemos en cómo herimos la soberanía de Cristo con nuestros pensamientos soberbios, juicios severos y malas intenciones. Pidamos la gracia de la humildad sincera.

Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías, 1 Gloria y la Jaculatoria de Fátima.

Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo… (completo)

10 Ave Marías: Dios te salve, María… (se repite diez veces meditando en el desprecio y la corona de espinas)

Gloria: Gloria al Padre… (completo)

Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados…

Cuarto Misterio: Jesús con la Cruz a Cuestas camino al Calvario

Lectura bíblica (Juan 19, 17): «Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota».

Meditación: Jesús, debilitado y sangrante, abraza el madero de la cruz por nuestra salvación. En cada caída del Señor, vemos nuestras propias caídas bajo el peso de la debilidad humana. Pidamos la paciencia y fortaleza necesarias para llevar con amor nuestras propias cruces de cada día.

Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías, 1 Gloria y la Jaculatoria de Fátima.

Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo… (completo)

10 Ave Marías: Dios te salve, María… (se repite diez veces meditando en el doloroso camino al Calvario)

Gloria: Gloria al Padre… (completo)

Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados…

Quinto Misterio: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor

Lectura bíblica (Lucas 23, 46): «Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró».

Meditación: Contemplamos el misterio supremo de nuestra redención. Jesús pende de la cruz, perdonando a sus verdugos y entregándonos a su propia Madre como nuestra Madre. Al pie de la cruz, con María Dolorosa, pidamos un profundo aborrecimiento al pecado y la gracia de una santa muerte.

Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías, 1 Gloria y la Jaculatoria de Fátima.

Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo… (completo)

10 Ave Marías: Dios te salve, María… (se repite diez veces contemplando a Cristo crucificado por amor)

Gloria: Gloria al Padre… (completo)

Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados…

Oraciones Finales

Para concluir este sagrado coloquio de amor, nos dirigimos a nuestra Madre celestial con la oración de la Salve, reconociendo su reinado y su maternal intercesión:

La Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración de Conclusión
Te rogamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestros corazones, para que, habiendo conocido por el anuncio del ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, seamos conducidos por los dolores de su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Despedida: Queridos hermanos, que la contemplación de estos misterios fortalezca su fe, encienda su caridad y les sostenga en la esperanza. Vayan por el mundo siendo reflejos de la misericordia de Dios. Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes, sus familias y permanezca para siempre. Amén. Quedemos en la paz del Señor.

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