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¡Amén! Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, que la gracia y la paz de nuestro Señor estén con ustedes. Es un gozo inmenso reunirme con ustedes en este bendito martes, 06 de enero de 2026, día en que celebramos la Solemnidad de la Epifanía del Señor. Esta fecha es un faro de luz para toda la humanidad, recordándonos la manifestación de Dios a todos los pueblos.

Permítanme compartir con ustedes una humilde reflexión sobre la Palabra que hoy ilumina nuestros corazones.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (Mt 2, 1-12)

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempo del rey Herodes, unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén, preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle.”

Al oír esto, el rey Herodes se sobresaltó, y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le respondieron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres de ningún modo la menor entre las ciudades principales de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que será pastor de mi pueblo Israel.'”

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para averiguar de ellos el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; y, enviándolos a Belén, les dijo: “Id e informaos bien acerca del niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que yo también vaya a adorarle.”

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino. Y la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Se postraron y lo adoraron; luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y advertidos en sueños de no volver a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Reflexión

Mis amados, la Solemnidad de la Epifanía es una de las fiestas más conmovedoras y reveladoras de nuestro calendario litúrgico. Nos muestra a un Dios que no se limita a un pueblo, a una cultura o a una élite religiosa, sino que se manifiesta a todos los que lo buscan con un corazón sincero, sin importar su origen o condición.

Pensemos en esos Magos. No eran judíos; eran extranjeros, quizá astrólogos o sabios de otras culturas, que vivían lejos del centro de la fe de Israel. Sin embargo, fueron ellos quienes, movidos por una señal en el cielo, se lanzaron a una larga y ardua travesía. Su viaje no fue fácil: implicó incertidumbre, peligro y el rechazo de la comodidad. Pero su corazón estaba abierto, sus ojos atentos a los signos de Dios, y su voluntad orientada a la búsqueda de la verdad.

Contrasta su actitud con la de Herodes y los escribas de Jerusalén. Herodes, el poder terrenal, se perturba ante la noticia de un “Rey” que amenaza su dominio. Su miedo lo lleva a la intriga y la crueldad. Los escribas, por su parte, poseían el conocimiento de las Escrituras, sabían dónde nacería el Mesías, pero su fe era intelectual, no transformadora. Tenían la “ruta”, pero no emprendieron el “viaje”. Estaban tan cerca de la verdad, pero tan lejos de la adoración.

Los Magos, en cambio, al ver la estrella detenerse, se llenaron de “inmensa alegría”. ¡Qué poderosa es esa alegría que brota de encontrar a Cristo! Y ante Él, no dudaron en postrarse en adoración, ofreciendo lo más preciado que tenían: oro para reconocer su realeza, incienso para honrar su divinidad, y mirra, prefigurando su humanidad y sacrificio.

Finalmente, la advertencia en sueños y su regreso “por otro camino” es una metáfora profunda para cada uno de nosotros. Cuando encontramos a Cristo, cuando nos postramos ante Él y le ofrecemos nuestros dones, no podemos volver a la vida anterior por el mismo camino. El encuentro con Jesús transforma nuestra perspectiva, purifica nuestras intenciones y nos impulsa a vivir de una manera nueva, alejados de los Herodes de este mundo, de las vanidades y engaños que nos desvían de su luz.

Hoy, la estrella de Belén sigue brillando para nosotros. Nos llama a buscar a Jesús en lo ordinario de nuestra vida, en los signos de los tiempos, en la Palabra, en la Eucaristía, y especialmente en los rostros de los más necesitados. Nos invita a romper nuestras propias barreras, a no tener miedo de la incomodidad de la búsqueda y a dejar que Su luz guíe nuestros pasos hacia una transformación auténtica.

Puntos Clave

  • La Búsqueda Universal: Dios se revela a todos los que lo buscan con un corazón abierto, sin importar su origen o condición. La fe no tiene fronteras.
  • La Estrella como Guía: Debemos estar atentos a los signos de Dios en nuestras vidas, a esa “estrella” que nos indica el camino hacia Él, incluso cuando parezca incierto.
  • Adoración y Ofrenda: Una vez que encontramos a Jesús, nuestra respuesta debe ser de adoración profunda y ofrenda generosa de todo lo que somos y tenemos.
  • Transformación: El encuentro con Cristo nos transforma. No podemos volver “por el mismo camino”; debemos permitir que Él renueve nuestras vidas y nos inspire a seguir nuevas sendas de justicia y amor.
  • Superar Obstáculos: Al igual que los Magos, enfrentaremos “Herodes” (miedos, tentaciones, poderes mundanos) que intentarán desviarnos. La fe y la perseverancia nos ayudarán a superarlos.

Oración

Oh Dios, Padre de toda luz, que hoy revelaste a tu Unigénito Hijo a todas las naciones por medio de la guía de una estrella, te pedimos que, así como guiaste a los Magos de Oriente, también a nosotros, tus siervos, nos ilumines con la luz de tu Espíritu Santo.

Concédenos, Señor, la sabiduría para reconocer los signos de tu presencia en nuestro mundo, la valentía para emprender el camino hacia Ti, sin importar las dificultades, y la humildad para postrarnos ante Jesús, tu Hijo, ofreciéndole nuestros corazones como oro puro, nuestras alabanzas como incienso fragante y nuestras vidas entregadas como mirra preciosa.

Que, al igual que los Magos, seamos transformados por el encuentro contigo y regresemos por otro camino, un camino de mayor amor, servicio y testimonio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Que la gracia del Señor les acompañe siempre.

Autor

  • Antonio Acuña

    Como cualquier persona, he recorrido caminos llenos de bendiciones, pero también he atravesado momentos muy oscuros y difíciles. Esas pruebas, con la ayuda de Dios, han moldeado mi carácter y me enseñaron que la oración es el refugio más poderoso. Aunque soy Abogado e Ingeniero Técnico de profesión, mi verdadera vocación desde pequeño ha sido la vida espiritual. Hoy dedico mi tiempo a compartir esa fuerza y consuelo que solo se encuentra cerca de Dios Padre.

Como cualquier persona, he recorrido caminos llenos de bendiciones, pero también he atravesado momentos muy oscuros y difíciles. Esas pruebas, con la ayuda de Dios, han moldeado mi carácter y me enseñaron que la oración es el refugio más poderoso. Aunque soy Abogado e Ingeniero Técnico de profesión, mi verdadera vocación desde pequeño ha sido la vida espiritual. Hoy dedico mi tiempo a compartir esa fuerza y consuelo que solo se encuentra cerca de Dios Padre.

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