🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio de San Juan 1, 29-34: El Cordero de Dios
Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él, y exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.’ Yo mismo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.»
Juan dio este testimonio:
«Yo vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas descender y permanecer el Espíritu, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo.’ Yo lo vi y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios.»
Palabra del Señor.
Reflexión: El Testimonio que Nos Define
Hermanos y hermanas en Cristo, celebramos el Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, y la luz del Bautismo del Señor nos guía hacia el inicio del ministerio público de Jesús, presentado a través del ineludible testimonio de San Juan Bautista.
La exclamación de Juan, «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo», es la verdad teológica más profunda y conmovedora que podemos escuchar. Esta frase no solo identifica a Jesús, sino que define Su misión redentora. Juan vincula a Jesús directamente con el sacrificio pascual del Antiguo Testamento, pero con una diferencia monumental: Cristo es el sacrificio perfecto, Aquel que se entrega no para una liberación temporal, sino para la plena reconciliación de la humanidad con el Padre.
Observemos la inmensa humildad de Juan. Él, siendo una figura profética poderosa, no se apropia del protagonismo ni busca seguidores. Su única misión es disminuir para que Cristo crezca. El Bautista nos enseña que el verdadero servicio a Dios radica en ser puentes, no destinos. Su grandeza reside en su capacidad para señalar el Misterio: el descenso del Espíritu como una paloma y su permanencia sobre Jesús, confirmando Su identidad como el Hijo de Dios y el Mesías.
¿Qué significa esto para nosotros hoy, en este domingo? Significa que estamos llamados a ser los «Juan Bautistas» de nuestro tiempo. Nuestra vida, nuestras obras de caridad y nuestra fidelidad a la verdad, deben ser testimonios vivos que señalen al Cordero de Dios. Debemos quitarnos del centro para que la luz de Cristo se manifieste a través de nosotros, de modo que el mundo pueda reconocer a Aquel que nos ofrece la salvación y la vida eterna. Que el Espíritu Santo que Juan vio descender, permanezca también sobre nosotros, fortaleciendo nuestro testimonio y nuestra fe.
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