Introducción
Amados hermanos en Cristo, hoy nos reunimos en espíritu de oración para contemplar la infancia de nuestro Señor Jesucristo. En este Sábado de la Quinta Semana de Cuaresma, elevamos nuestra mirada a la Virgen María, modelo de humildad y entrega. El Santo Rosario no es solo una repetición de palabras, sino un diálogo de amor con el cielo. Iniciemos con fe y devoción.
Oraciones Iniciales
Por la Señal de la Santa Cruz: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Credo de los Apóstoles: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Rezamos un Padre Nuestro, tres Ave Marías (por el aumento de la fe, la esperanza y la caridad) y un Gloria.
Los 5 Misterios
Primer Misterio Gozoso: La Encarnación del Hijo de Dios
Lectura: El ángel Gabriel entró en su presencia y dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». María se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús».
Meditación: Contemplamos la humildad de la Virgen María, quien con su ‘Fiat’ (Hágase) permitió que el Verbo se hiciera carne. Pidamos la gracia de la humildad y la obediencia a la voluntad de Dios en nuestras vidas.
(Padre Nuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oración de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia).
Segundo Misterio Gozoso: La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel
Lectura: En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!».
Meditación: María se pone al servicio de los demás. Meditemos en la caridad cristiana y el amor al prójimo, viendo en el necesitado el rostro de Cristo.
(Padre Nuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oración de Fátima).
Tercer Misterio Gozoso: El Nacimiento del Hijo de Dios
Lectura: José y María subieron de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén. Mientras estaban allí, le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
Meditación: El Rey del Universo nace en la pobreza de un portal. Pidamos el desapego de las cosas materiales y la riqueza espiritual para reconocer la grandeza de Dios en lo sencillo.
(Padre Nuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oración de Fátima).
Cuarto Misterio Gozoso: La Presentación de Jesús en el Templo
Lectura: Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador».
Meditación: Jesús es presentado como la Luz del mundo. Meditemos sobre nuestra propia purificación y el deber de ofrecer nuestra vida entera al servicio de Dios.
(Padre Nuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oración de Fátima).
Quinto Misterio Gozoso: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo
Lectura: Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Meditación: La angustia de buscar a Jesús y la alegría de encontrarlo. Pidamos la gracia de no perder nunca a Jesús por el pecado, y si lo perdemos, que lo busquemos incansablemente en la Eucaristía y la Confesión.
(Padre Nuestro, 10 Ave Marías, Gloria y Oración de Fátima).
Oraciones Finales
La Salve: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Oración Final: Oh Dios, cuyo Hijo Unigénito, por su vida, muerte y resurrección, nos ha obtenido las recompensas de la salvación eterna; concédenos, te suplicamos, que meditando estos misterios del Santísimo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitemos lo que contienen y alcancemos lo que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Que el auxilio divino permanezca siempre con nosotros. Y que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
Vayan en paz, el Rosario de hoy ha terminado. Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. ¡Ave María Purísima, sin pecado concebida!
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