🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio según San Lucas (4, 24-30)
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud en la sinagoga de Nazaret:
«En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. Os aseguro que en tiempos de Elías, cuando no llovió durante tres años y seis meses y hubo un gran hambre en todo el país, había muchas viudas en Israel; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y en tiempos del profeta Eliseo, había muchos leprosos en Israel, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio».
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira. Se levantaron, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por medio de ellos, se alejó.
Reflexión Espiritual
En este lunes de la tercera semana de Cuaresma, la Palabra de Dios nos confronta con una realidad dolorosa: la resistencia del corazón humano ante la verdad. Los contemporáneos de Jesús en Nazaret no pudieron ver al Salvador porque estaban cegados por la cotidianeidad; para ellos, Él era solo el vecino conocido, no el Mesías esperado.
Como Sacerdote, hoy te invito a reflexionar sobre cuántas veces cerramos la puerta de nuestra alma a las inspiraciones de Dios porque vienen de personas que ya conocemos o a través de circunstancias que nos incomodan. La Cuaresma es un tiempo para romper nuestras estructuras mentales y permitir que Dios sea Dios, rompiendo nuestros prejuicios.
No permitas que la rutina apague tu fe. Pidamos la gracia de reconocer la voz del Señor en los hermanos y de tener la humildad de Naamán para aceptar la sanación allí donde Dios nos la ofrece, incluso si no es de la manera que esperamos.
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