🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio según San Juan (3, 16-21)
En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo:
«Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
Reflexión Espiritual
Queridos hermanos, en este Miércoles de la segunda semana de Pascua, nos encontramos ante el corazón del mensaje cristiano: Dios es amor. La entrega del Hijo no es un acto de condena, sino el mayor gesto de misericordia de la historia. A menudo tememos la luz de Dios porque expone nuestras debilidades, pero el Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo es la luz que sana, no la que castiga. Vivir en la verdad significa presentarle al Señor nuestra realidad, sin máscaras, para que su luz pascual nos transforme y nos dé la vida eterna que prometió. Que hoy te preguntes: ¿A qué tiniebla de mi vida le falta la luz de su perdón?
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