🎧 Escuchar Evangelio

1. Evangelio del Día:

2. Reflexión:

Lectura del santo evangelio según san Juan (1, 1-18).

En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Todo se hizo por ella, y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita: «Éste es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor.


Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

¡Paz y bien en este segundo Domingo después de la Navidad y en el umbral de este nuevo año 2026! Hoy, mientras aún resuenan los cantos de Nochebuena, la Iglesia nos eleva a las alturas de la teología con el solemne Prólogo del Evangelio de San Juan. No hay una manera más profunda de comenzar una semana o un año que contemplando esta verdad fundamental: «En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.»

Este pasaje nos recuerda que Jesús no es solo una figura histórica que nació hace dos mil años. Él es el Logos, la Razón, el Sentido Eterno por el cual todo fue creado. Él es la Vida y la Luz que las tinieblas, por más que lo intenten, jamás podrán apagar. Esta verdad nos da una inmensa seguridad: cuando nos sentimos perdidos en la oscuridad, la Luz Eterna ya está presente y es invencible.

Pero la verdad más asombrosa se encuentra en el versículo 14: «Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros.» El Dios trascendente se hizo inmanente. El Creador puso su tienda de campaña en nuestro barrio, en nuestra historia, compartiendo nuestra fragilidad. ¿Por qué hizo esto? Por amor, y para darnos la plenitud.

San Juan nos dice que de la plenitud de la Palabra Encarnada, “todos hemos recibido, gracia tras gracia.” Hermanos, la vida cristiana no se trata de acumular méritos, sino de recibir continuamente el don inmerecido de Dios. Al comenzar este nuevo año, no confiemos en nuestra propia fuerza, sino en la inagotable fuente de gracia que es Cristo Jesús. Cuando caigamos, Su gracia nos levantará; cuando dudemos, Su verdad nos guiará.

El Evangelio nos da, además, una nueva identidad: «A cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios.» Si hemos recibido a Cristo en nuestros corazones, ya no somos meros seres humanos a la deriva, sino hijos de Dios. Vivir esta filiación divina significa reflejar la luz de Cristo en nuestras familias, en nuestros trabajos y en nuestras comunidades. Seamos testigos de esa Luz, como Juan el Bautista, para que otros también crean.

Que el Verbo Encarnado sea el fundamento de cada decisión y cada paso que demos en este 2026. Sigamos caminando en la Luz que vino al mundo.

Amén.

Autor

  • Antonio Acuña

    Como cualquier persona, he recorrido caminos llenos de bendiciones, pero también he atravesado momentos muy oscuros y difíciles. Esas pruebas, con la ayuda de Dios, han moldeado mi carácter y me enseñaron que la oración es el refugio más poderoso. Aunque soy Abogado e Ingeniero Técnico de profesión, mi verdadera vocación desde pequeño ha sido la vida espiritual. Hoy dedico mi tiempo a compartir esa fuerza y consuelo que solo se encuentra cerca de Dios Padre.

Como cualquier persona, he recorrido caminos llenos de bendiciones, pero también he atravesado momentos muy oscuros y difíciles. Esas pruebas, con la ayuda de Dios, han moldeado mi carácter y me enseñaron que la oración es el refugio más poderoso. Aunque soy Abogado e Ingeniero Técnico de profesión, mi verdadera vocación desde pequeño ha sido la vida espiritual. Hoy dedico mi tiempo a compartir esa fuerza y consuelo que solo se encuentra cerca de Dios Padre.

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