🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos (2, 23 — 3, 6)
Un sábado, Jesús atravesaba unos sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar.
Los fariseos le dijeron: «Mira lo que hacen: ¿por qué quebrantan la ley en día sábado?»
Él les respondió: «¿Nunca han leído lo que hizo David una vez que él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre? Entró en la Casa de Dios, cuando Abiatar era Sumo Sacerdote, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que solo pueden comer los sacerdotes.»
Y agregó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado.»
Jesús entró de nuevo en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos lo observaban atentamente para ver si curaba en día sábado; así podrían acusarlo.
Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ponte de pie, aquí, en el medio.»
Y les preguntó: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?» Ellos se quedaron callados.
Entonces, mirándolos con indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano.» Él la extendió y quedó curado.
Los fariseos salieron enseguida y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.
Palabra del Señor.
Reflexión del Sacerdote: La Prioridad del Amor
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Hoy el Evangelio nos confronta con la eterna tensión entre la Ley y el Espíritu, entre la norma rígida y la urgencia de la caridad. Jesús, en un día de Sábado, nos ofrece dos poderosas lecciones sobre lo que realmente significa vivir bajo la Voluntad de Dios.
En el primer incidente, los fariseos critican a los discípulos por una necesidad básica: arrancar espigas para mitigar el hambre. Ellos priorizan la observancia literal de una regla menor sobre la necesidad humana inmediata. La respuesta de Jesús es lapidaria y revolucionaria: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.»
El Sábado, el día de descanso y dedicación a Dios, es un regalo. Es una bendición diseñada para beneficiar nuestra vida física y espiritual, no una jaula legalista que nos impide actuar con compasión. Jesús se revela como el Señor de la Ley, aquel que puede desentrañar el propósito original de la misma: el amor.
La segunda escena, la curación del hombre de la mano paralizada, lleva esta enseñanza a un clímax dramático. La mano paralizada es un símbolo de la incapacidad de actuar y de servir. Es una parálisis que nos impide extender la ayuda, dar, o trabajar por el bien.
Los fariseos, llenos de dureza de corazón, estaban más preocupados por la violación de un protocolo que por el sufrimiento humano. Jesús les hace la pregunta crucial: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?» La pregunta es retórica, pero expone su hipocresía. El silencio de ellos es el testimonio de su juicio condenatorio.
Hermanos, la enseñanza de hoy es clara: nuestra fe no puede ser una fe paralizada. La fe que solo observa reglas sin mirar al prójimo es una fe seca. Si la ley nos impide hacer el bien, hemos malinterpretado la ley de Dios. Jesús nos recuerda que el mayor acto de adoración en cualquier día es la misericordia y la acción de salvar al prójimo, sea de un sufrimiento físico o de una necesidad espiritual.
Pidamos hoy al Señor que cure toda parálisis en nuestro corazón, dándonos la fuerza para extender la mano hacia aquellos que sufren, sin que el miedo al juicio o la rigidez de nuestras propias costumbres nos detengan. Que el amor sea siempre nuestra primera ley.
Amén.
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