🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio según san Marcos (10, 46-52)
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó acompañado de sus discípulos y de mucha gente, el hijo de Timeo, Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, empezó a gritar:
«Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más fuerte: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo». Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama».
El soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?». El ciego le contestó: «Rabbuní, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Reflexión: La fe que ve en la oscuridad
En este jueves de la octava semana del Tiempo Ordinario, la figura de Bartimeo se nos presenta como el modelo perfecto del orante. A pesar de su ceguera y de los intentos de la multitud por silenciarlo, su corazón reconoce la presencia del Salvador.
Bartimeo nos enseña tres pasos fundamentales para nuestra vida espiritual: gritar con confianza, soltar el manto de nuestras seguridades pasadas y, finalmente, seguir a Jesús por el camino. Hoy, el Señor nos hace la misma pregunta que al ciego: «¿Qué quieres que haga por ti?». Pidamos la gracia de no buscar solo beneficios materiales, sino la luz de la fe para ver el rostro de Dios en nuestro caminar diario.
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