El 26 de junio, la Iglesia Católica celebra la festividad de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y un auténtico revolucionario de la espiritualidad cristiana en el siglo XX. Canonizado por el Papa San Juan Pablo II en el año 2002, quien lo definió con gran acierto como ‘el santo de lo ordinario’, la figura de San Josemaría sigue brillando con una fuerza inusitada en el firmamento de la fe contemporánea. Su gran aportación teológica y pastoral consistió en recordar al mundo entero que la llamada a la santidad no es un privilegio exclusivo de sacerdotes o religiosos, sino un mandato universal dirigido a todos los bautizados, realizable en medio de las tareas cotidianas más sencillas.
Orígenes y Vocación: Las Huellas en la Nieve
Josemaría Escrivá nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902, en el seno de una familia profundamente cristiana y trabajadora. Sus padres, José y Dolores, le inculcaron desde muy niño una piedad recia y alegre, que sirvió de cimiento para superar las duras pruebas familiares que pronto habrían de llegar, incluyendo la muerte consecutiva de sus tres hermanas más pequeñas y la posterior quiebra del negocio de su padre, lo que obligó a la familia a trasladarse a la ciudad de Logroño.
Fue precisamente en Logroño donde el joven Josemaría experimentó el primer atisbo de su vocación. Tras una intensa nevada, vio las huellas dejadas en el suelo por un religioso carmelita que caminaba descalzo por amor a Dios. Aquellas pisadas en la nieve encendieron en su corazón un deseo ardiente de entregarse por entero a la voluntad divina, intuyendo que el Señor le pedía algo grande, aunque aún no sabía precisar con exactitud de qué se trataba. Pensando que el sacerdocio facilitaría el descubrimiento y la realización de ese misterioso designio divino, ingresó en el seminario de Logroño y más tarde en el de Zaragoza, donde concluyó sus estudios de Teología y fue ordenado sacerdote el 28 de marzo de 1925.
El 2 de Octubre de 1928: La Fundación del Opus Dei
En 1927, con el permiso de su obispo, don Josemaría se trasladó a Madrid para realizar el doctorado en Derecho Civil. Allí repartía su tiempo entre la capellanía del Patronato de Enfermos, la atención pastoral a desvalidos y moribundos en los barrios más desfavorecidos de la capital, las clases universitarias y la oración constante.
Fue el 2 de octubre de 1928, durante unos días de retiro espiritual en Madrid, cuando Dios le hizo ‘ver’ con total claridad aquello que le pedía: la fundación de una nueva institución eclesial dedicada a difundir la llamada universal a la santidad a través del trabajo profesional y de los deberes ordinarios del cristiano. Aquel día nació el Opus Dei (Obra de Dios). A partir de ese instante, San Josemaría dedicó todas sus fuerzas físicas, intelectuales y espirituales al desarrollo de esta misión, con la convicción inquebrantable de que el mundo secular —las aulas, los despachos, las cocinas, los talleres y los campos— es un altar sagrado donde se puede y se debe adorar y servir a Dios.
La Teología del Trabajo y la Santidad en lo Cotidiano
La doctrina espiritual de San Josemaría Escrivá es de una profunda riqueza teológica y una enorme audacia práctica. Se apoya de manera fundamental en tres grandes columnas:
- La Filiación Divina: Para el santo oscense, el fundamento de toda la vida cristiana es la conciencia profunda de ser hijos de Dios. El cristiano no sirve a Dios por temor o simple obligación, sino por un amor filial incondicional que inunda de alegría, paz y confianza todas las circunstancias de la vida, incluso las más difíciles.
- La Santificación del Trabajo: San Josemaría enseñaba que cualquier trabajo honrado, realizado con competencia profesional, amor a Dios y afán de servicio a los demás, se convierte en oración y en un medio privilegiado para configurarse con Cristo. Su célebre fórmula resumía este ideal: ‘Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar a los demás con el trabajo’.
- La Unidad de Vida: El santo advertía contra la tentación de llevar una ‘doble vida’: por un lado la vida espiritual y de relación con Dios, y por otro, totalmente separada, la vida laboral, social y familiar. Exhortaba a integrar de manera armónica ambas dimensiones para que cada jornada fuera un constante diálogo amoroso con el Creador.
Expansión, Consolidación y Legado Literario
A pesar de las duras incomprensiones iniciales dentro y fuera de los ambientes eclesiásticos, y de los devastadores estragos de la Guerra Civil Española —que le obligó a refugiarse y a cruzar los Pirineos a pie en condiciones extremas—, el Opus Dei creció con rapidez. En 1946, San Josemaría se trasladó definitivamente a Roma con el fin de consolidar la estructura jurídica de la institución y obtener la aprobación formal de la Santa Sede, la cual recibió de manos del Papa Pío XII en 1950.
Desde la Ciudad Eterna, impulsó la expansión de la Obra por los cinco continentes. Su labor evangelizadora se materializó en incontables iniciativas de promoción social, hospitales, universidades (como la Universidad de Navarra) y centros de formación para la juventud y la familia, siempre alentando a los laicos a ser fermento cristiano en medio de la sociedad civil.
Además de su ingente labor fundacional, San Josemaría dejó un riquísimo legado de escritos espirituales de una extraordinaria fuerza lírica y práctica. Su obra maestra, Camino, publicada por primera vez en 1934 bajo el título de Consideraciones Espirituales, es un clásico de la espiritualidad cristiana moderna que ha sido traducido a decenas de idiomas y del que se han vendido millones de ejemplares en todo el mundo. A este libro le siguieron otros textos memorables como Surco, Forja, Santo Rosario, Es Cristo que pasa y Amigos de Dios, todos ellos caracterizados por un tono directo, coloquial y profundamente interpelador.
Tránsito al Cielo, Beatificación y Canonización
El 26 de junio de 1975, en su despacho de trabajo de la sede central del Opus Dei en Roma, San Josemaría falleció repentinamente a causa de un paro cardíaco, tras haber dirigido una mirada de profundo amor a una imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe que presidía la estancia. En el momento de su muerte, el Opus Dei contaba ya con más de 60.000 miembros procedentes de ochenta nacionalidades.
La fama de santidad que le acompañó en vida se extendió rápidamente tras su partida. Tras un riguroso proceso canónico y la aprobación de los milagros atribuidos a su intercesión, fue beatificado por San Juan Pablo II el 17 de mayo de 1992 en la Plaza de San Pedro. El mismo Pontífice polaco lo proclamó solemnemente santo el 6 de octubre de 2002 ante una multitudinaria congregación de fieles de todo el mundo. En su homilía, el Papa destacó: ‘San Josemaría fue un maestro en la práctica de la santidad y de la santificación de la vida ordinaria’.
Oración a San Josemaría Escrivá de Balaguer
Para aquellos fieles que buscan encomendarse a su poderosa intercesión y pedir la gracia de encontrar a Dios en su jornada laboral y familiar, la Iglesia propone la siguiente oración colecta oficial:
Oh Dios, que por mediación de la Santísima Virgen María concediste a San Josemaría, sacerdote, gracias innumerables, constituyéndolo instrumento fidelísimo para fundar el Opus Dei, camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano: concédeme que yo sepa también convertir todos los momentos y circunstancias de mi vida en ocasión de amarte, y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, a las almas y a todos los hombres, santificando mi labor cotidiana. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
En este viernes de junio, renovar el ejemplo de San Josemaría es una oportunidad dorada para redefinir el valor de nuestras rutinas. Que su testimonio nos impulse a trabajar con excelencia, a sonreír en la dificultad y a recordar que el cielo está mucho más cerca de lo que pensamos: en la mesa de nuestra oficina, en la calidez de nuestro hogar y en el amor entregado a quienes nos rodean.