Introducción
Ave María Purísima, sin pecado concebida. Querido hermano y hermana en la fe, te doy la bienvenida como tu guía espiritual a este momento sagrado de oración y comunión celestial. Hoy, Domingo 24 de Mayo de 2026, día del Señor y en la hermosa Solemnidad de Pentecostés, nos unimos espiritualmente ante el altar de nuestra Madre Santísima para elevar el Santo Rosario, contemplando con devoción los Misterios Gloriosos. En este día donde el Espíritu Santo desciende con poder sobre la Iglesia, abramos nuestros corazones a la gracia, la luz y la esperanza que brotan del triunfo definitivo de nuestro Salvador Jesucristo.
Oraciones Iniciales
Nos ponemos en la presencia del Señor con reverencia y devoción:
Por la señal de la Santa Cruz: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Propongo firmemente, ayudado de vuestra divina gracia, enmendarme y nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
El Credo de los Apóstoles: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Padre Nuestro (Por las intenciones de la Iglesia y del Santo Padre): Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Tres Avemarías (Para el aumento de las virtudes teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad):
1. Por el aumento de la Fe: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
2. Por el aumento de la Esperanza: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
3. Por el aumento de la Caridad: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Los 5 Misterios
Primer Misterio Glorioso: La Resurrección del Señor
Lectura Bíblica: “El ángel habló a las mujeres y les dijo: ‘No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo'” (Mateo 28, 5-6).
Meditación: Contemplamos a Cristo triunfante que emerge del sepulcro, venciendo para siempre la oscuridad del pecado y de la muerte. Te pedimos, Señor, que resucites en nuestros corazones la alegría, la confianza y la fe inquebrantable en tu providencia divina.
Ofrecemos este misterio y rezamos con fervor:
- Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
- Diez Avemarías: (Repetimos 10 veces la oración mientras meditamos interiormente en la victoria de la Resurrección): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
- Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Segundo Misterio Glorioso: La Ascensión del Señor a los Cielos
Lectura Bíblica: “El Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16, 19).
Meditación: Jesús vuelve al Padre para prepararnos un lugar en la patria celestial. No nos deja huérfanos, sino que nos invita a fijar nuestra mirada en las cosas del cielo. Pidamos la gracia del anhelo de santidad y la santa esperanza del encuentro eterno.
Ofrecemos este misterio y rezamos con fervor:
- Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
- Diez Avemarías: (Repetimos 10 veces la oración mientras meditamos en el regreso triunfal de Jesús al Cielo): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
- Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Tercer Misterio Glorioso: La Venida del Espíritu Santo
Lectura Bíblica: “Se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos; y todos fueron llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2, 3-4).
Meditación: En este hermoso día de Pentecostés, contemplamos al Consolador prometido descendiendo sobre María Santísima y los Apóstoles en el Cenáculo. Roguemos para que el Espíritu Santo encienda en nuestras almas el fuego de su amor divino, nos conceda sus siete santos dones y renueve la faz de la tierra.
Ofrecemos este misterio y rezamos con fervor:
- Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
- Diez Avemarías: (Repetimos 10 veces la oración mientras meditamos en la unción de fuego del Espíritu Santo): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
- Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de la Virgen María al Cielo
Lectura Bíblica: “¿Quién es esta que sube del desierto, apoyada sobre su amado?” (Cantar de los Cantares 8, 5) / “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies” (Apocalipsis 12, 1).
Meditación: La Santísima Virgen María es elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo por los ángeles de Dios. Ella, que fue preservada de toda mancha de pecado, nos precede en la gloria celestial. Pidamos su intercesión para vivir una vida pura y humilde que nos conduzca al cielo.
Ofrecemos este misterio y rezamos con fervor:
- Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
- Diez Avemarías: (Repetimos 10 veces la oración meditando en el dulcísimo tránsito y asunción de nuestra Madre celestial): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
- Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Quinto Misterio Glorioso: La Coronación de María como Reina de todo lo creado
Lectura Bíblica: “Y en su cabeza tenía una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12, 1).
Meditación: Contemplamos con inmensa alegría cómo la Santísima Trinidad corona a María como Reina del Universo, de los Ángeles y de los hombres. Ella es nuestra Medianera de todas las gracias y nuestra Abogada tierna. Pidamos la gracia de consagrarnos enteramente a su Corazón Inmaculado.
Ofrecemos este misterio y rezamos con fervor:
- Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
- Diez Avemarías: (Repetimos 10 veces la oración meditando en la gloria eterna de nuestra Reina Celestial): Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
- Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
- Jaculatoria de Fátima: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Oraciones Finales
Uniendo nuestros corazones en acción de gracias, nos dirigimos a nuestra soberana con la oración de la Salve:
La Salve: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Oración de Conclusión: Oh Dios, cuyo Hijo unigénito, por su vida, muerte y resurrección, nos ha alcanzado los premios de la vida eterna: concédenos, te rogamos, que al meditar estos misterios del santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos lo que contienen y alcancemos lo que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Bendición Final: Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre. Amén.
Despedida
Querido hermano, que la Santísima Virgen María te cubra hoy con su sagrado manto. Que la paz de Cristo resucitado y el fuego renovador de Pentecostés permanezcan en tu hogar y fortalezcan tu espíritu en cada paso del camino. Sigue adelante con fe, pues no estás solo; nuestra Madre camina contigo. Ve en paz, y que tengas un bendecido Domingo de resurrección y de luz. ¡Amén!
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