🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio según San Juan (3, 7b-15)
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».
Jesús le respondió: «¿Tú eres maestro en Israel y no lo sabes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable de las cosas del cielo? Porque nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».
Reflexión Espiritual
Queridos hermanos, en este martes de la segunda semana de Pascua, el diálogo entre Jesús y Nicodemo nos invita a profundizar en el misterio de nuestra propia identidad cristiana. Nacer de nuevo no es una metáfora, es la realidad del Bautismo que actúa en nosotros por el poder del Espíritu Santo.
Jesús compara la acción del Espíritu con el viento: es libre, imprevisible y poderoso. A menudo, intentamos domesticar nuestra fe o encerrarla en normas rígidas, pero la vida en Cristo nos llama a la docilidad. Debemos permitir que el Espíritu nos mueva según la voluntad del Padre. Al igual que el Hijo del Hombre fue elevado en la Cruz para darnos vida, hoy se nos pide mirar con fe a Cristo Resucitado, reconociendo que solo en Él encontramos la verdadera renovación de nuestro corazón.
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