🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión

Evangelio según San Marcos (12, 1-12)

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar y construyó una torre; la arrendó a unos viñadores y se ausentó».

A su tiempo, envió un criado a los viñadores para percibir su parte de los frutos de la viña. Pero ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió de nuevo a otro criado; a este le descalabraron la cabeza y lo insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o mataron. Le quedaba todavía uno: su hijo querido. Lo envió el último, pensando: ‘Respetarán a mi hijo’. Pero los viñadores se dijeron: ‘Este es el heredero; venga, lo matamos y será nuestra la herencia’. Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: ‘La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente’?

Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo, se marcharon.


Reflexión Espiritual

Queridos hermanos, en este Lunes de la IX semana del Tiempo Ordinario, la Palabra nos confronta con la paciencia incansable de Dios. El Dueño de la viña, que es el Padre, no se rinde ante la rebeldía de los hombres. Envía profetas, mensajeros y, finalmente, a Su propio Hijo, esperando una respuesta de amor que nosotros, a veces, le negamos por egoísmo o soberbia.

La parábola de los viñadores homicidas no es solo una advertencia histórica para los contemporáneos de Jesús; es un espejo para nuestra propia vida. A menudo tratamos de adueñarnos de los dones que Dios nos ha prestado —nuestro tiempo, nuestra familia, nuestras capacidades— olvidando que somos administradores, no dueños. Sin embargo, el mensaje final es de esperanza: la piedra que los hombres desecharon, Cristo, se ha convertido en la base de nuestra salvación. Pidamos hoy la gracia de ser viñadores fieles que entreguen frutos de caridad y humildad a su tiempo.

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