Introducción

Ave María Purísima, sin pecado concebida. Querido hermano, querida hermana en Cristo: te doy una fraternal bienvenida a este sagrado momento de oración profunda. Hoy, Domingo 31 de Mayo de 2026, la Iglesia universal se une para contemplar los Misterios Gloriosos del Santo Rosario. Como tu guía espiritual, te invito a despojarte de las preocupaciones del mundo, a silenciar tu corazón y a unirte en comunión con la Santísima Virgen María. Hoy contemplamos la victoria definitiva de nuestro Señor Jesucristo sobre la muerte, el pecado y la desesperanza. Con el Rosario en nuestras manos, abramos nuestra alma a la luz de la Resurrección.

Oraciones Iniciales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

El Credo de los Apóstoles:
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Padre Nuestro (Por las intenciones del Santo Padre):
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Tres Avemarías (Para el incremento de las virtudes teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad):
1. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (Fe)
2. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (Esperanza)
3. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (Caridad)

Gloria al Padre:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Los 5 Misterios

Primer Misterio Glorioso: La Resurrección del Hijo de Dios

Lectura breve: “El ángel habló a las mujeres y les dijo: ‘No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor'” (Mateo 28, 5-6).

Meditación: Queridos hermanos, Cristo ha vencido a la muerte. Las cadenas del pecado han sido rotas para siempre. La resurrección no es un suceso del pasado, es una realidad viva hoy. ¿Cuáles son las muertes en tu vida que necesitan ser tocadas por la luz del Resucitado? Ofrezcamos este misterio pidiendo la gracia de una fe inquebrantable, que nos permita ver la luz de Cristo aun en medio de nuestras noches más oscuras.

A continuación, rezamos con fervor el Padre Nuestro, 10 Avemarías, el Gloria y la oración de Fátima:

Oración de Fátima: ¡Oh Jesús mío! Perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia. Amén.

Segundo Misterio Glorioso: La Ascensión del Señor al Cielo

Lectura breve: “Y dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue elevado, y una nube lo ocultó a sus ojos. Y estando ellos con los ojos clavados en el cielo, mientras él se iba, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: ‘Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús, que os ha sido llevado al cielo, vendrá así tal como le habéis visto ir al cielo'” (Hechos 1, 9-11).

Meditación: Jesús asciende al Padre para prepararnos un lugar. No nos deja huérfanos; nos precede en el camino de la gloria eterna. Este misterio nos invita a no apegarnos a las cosas de la tierra, sino a mantener nuestra mirada fija en el cielo, nuestra patria definitiva. Pidamos la virtud de la esperanza, para que caminemos en este mundo sabiendo que nuestro destino final es la eternidad junto a Dios.

A continuación, rezamos con fervor el Padre Nuestro, 10 Avemarías, el Gloria y la oración de Fátima.

Tercer Misterio Glorioso: La Venida del Espíritu Santo

Lectura breve: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2, 1-4).

Meditación: El fuego del Espíritu Santo desciende sobre la Iglesia naciente unida a María en el Cenáculo. Es el Defensor, el Consolador que enciende nuestros corazones con el celo apostólico y el amor divino. Hoy, más que nunca, necesitamos un nuevo Pentecostés. Pidamos en este misterio el don de la fortaleza y la sabiduría para dar testimonio valiente de nuestra fe en todos los rincones de nuestras vidas.

A continuación, rezamos con fervor el Padre Nuestro, 10 Avemarías, el Gloria y la oración de Fátima.

Cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de la Virgen María en Cuerpo y Alma al Cielo

Lectura breve: “¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven! Porque, mira, el invierno ha pasado, la lluvia ha cesado y se ha ido… Muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque dulce es tu voz, y hermoso tu aspecto” (Cantar de los Cantares 2, 10-11.14).

Meditación: Al terminar el curso de su vida terrena, la Santísima Virgen María fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial. Ella, que llevó en su vientre al Salvador, no conoció la corrupción del sepulcro. María es la primicia de lo que a todos nosotros nos aguarda. Ella nos espera con brazos paternales. Meditemos en su pureza y pidamos la gracia de mantener un alma limpia y un cuerpo consagrado al servicio de Dios.

A continuación, rezamos con fervor el Padre Nuestro, 10 Avemarías, el Gloria y la oración de Fátima.

Quinto Misterio Glorioso: La Coronación de la Santísima Virgen María como Reina y Señora de todo lo Creado

Lectura breve: “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12, 1).

Meditación: María es coronada por la Santísima Trinidad como Reina del Cielo y de la Tierra. No es una reina lejana, sino nuestra Madre de Misericordia, nuestra medianera y abogada constante. Bajo su amparo y protección no hay temor que pueda vencernos. En este misterio, consagremos nuestras familias, nuestros anhelos y nuestras cruces a su Corazón Inmaculado, seguros de su intercesión poderosa.

A continuación, rezamos con fervor el Padre Nuestro, 10 Avemarías, el Gloria y la oración de Fátima.

Oraciones Finales

Unidos en un solo corazón, nos dirigimos a nuestra Madre celestial con la oración que resume nuestra filial confianza en su amor maternal:

La Salve:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración Final de Conclusión:
Oh Dios, cuyo Hijo Unigénito, por su vida, muerte y resurrección, nos ha alcanzado los premios de la salvación eterna; concédenos, te rogamos, que al meditar estos misterios del Santísimo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, imitemos lo que contienen y alcancemos lo que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Que el auxilio divino permanezca siempre con nosotros. Y que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

Despedida:
Querido hermano, querida hermana, que la meditación de estos Misterios Gloriosos renueve tu espíritu y llene tus días de la paz y el gozo del Resucitado. Que la Santísima Virgen María te cubra con su manto celestial y te guíe siempre hacia su Divino Hijo. Ve en paz, llevando la luz de Cristo en tu corazón. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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