🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión

Evangelio según San Marcos (11, 11-26)

Gloria a ti, Señor.

Jesús entró en Jerusalén, en el templo, y después de observarlo todo, como ya era tarde, salió hacia Betania con los Doce.

Al día siguiente, cuando salieron de Betania, sintió hambre. Viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; llegando a ella, no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «Que nunca más coma nadie fruto de ti». Y sus discípulos lo oyeron.

Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas, y no permitía a nadie transportar objetos por el templo. Y les enseñaba diciendo: «¿No está escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos».

Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo acabar con él; porque le tenían miedo, pues todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza. Cuando oscureció, salieron de la ciudad.

Al pasar por la mañana, vieron la higuera seca de raíz. Pedro, acordándose, le dijo: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado». Jesús les contestó: «Tened fe en Dios. En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya os lo han concedido, y lo obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas».

Palabra del Señor.


Reflexión Espiritual

Queridos hermanos, la Palabra de hoy nos presenta tres momentos clave que definen nuestra vida espiritual: la higuera estéril, la purificación del templo y el poder de la fe.

La higuera que solo tiene hojas pero no frutos simboliza una religiosidad de apariencias. Jesús busca en nosotros frutos de amor, no solo el follaje de las palabras bonitas. El Templo, por su parte, es el lugar de encuentro con Dios; Jesús nos recuerda que nuestro corazón es Su morada y debe ser una casa de oración, libre de intereses mundanos o mercadeos espirituales.

Finalmente, se nos invita a una fe audaz. Una fe que no duda y que se nutre del perdón. No podemos mover montañas con la oración si nuestro corazón está anclado en el rencor. Hoy el Señor nos llama a ser templos vivos que dan frutos de misericordia.

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