Introducción
Ave María Purísima, sin pecado concebida. Querido hermano, querida hermana en Cristo: te doy la bienvenida a este espacio de paz, silencio y encuentro con el Señor a través de las manos amorosas de nuestra Santísima Madre, la Virgen María. Hoy, Viernes 12 de Junio de 2026, nos unimos en comunión con la Iglesia universal para contemplar los Misterios Dolorosos. Al meditar en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, no contemplamos una derrota, sino el acto de amor más grande de la historia, la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. Prepara tu corazón, enciende una vela si te es posible, y sumérgete en el misterio de la Redención.
Oraciones Iniciales
Comencemos este Santo Rosario con devoción, colocándonos en la presencia del Dios Trino.
Por la Señal de la Santa Cruz:
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Propongo firmemente, ayudado de vuestra divina gracia, enmendarme y nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
El Credo de los Apóstoles:
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Padre Nuestro:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
(Rezamos ahora tres Avemarías para el aumento de las virtudes teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad)
1. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
2. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
3. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Los 5 Misterios
Primer Misterio Doloroso: La Agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní
Lectura Bíblica (Mateo 26, 36-39):
«Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: “Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.” Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y oraba diciendo: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.”»
Meditación:
Querido hermano, contempla a Jesús de rodillas en la oscuridad del huerto. Siente el peso de todos nuestros pecados, de nuestras debilidades y de nuestras traiciones. Su sudor se convierte en gotas de sangre que caen a la tierra. A pesar del miedo y de la inmensa agonía, Jesús se entrega por completo a la voluntad del Padre. Pidamos en este misterio la gracia de la perfecta conformidad con la voluntad de Dios, especialmente en los momentos de prueba y oscuridad.
Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria y la oración de Fátima.
(Rezamos el Padre Nuestro…)
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre… (completo en tu corazón).
(Rezamos las diez Avemarías…)
Dios te salve, María, llena eres de gracia… (diez veces meditándolas con devoción).
(Rezamos el Gloria…)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración de Fátima:
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Segundo Misterio Doloroso: La Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo
Lectura Bíblica (Juan 19, 1):
«Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle.»
Meditación:
Imagina la columna de la flagelación. El Salvador del mundo es despojado de sus vestiduras y amarrado como un malhechor. Los azotes caen sin piedad sobre su cuerpo inocente, desgarrando su carne sagrada. Jesús sufre en silencio este castigo atroz para reparar por nuestras impurezas, por nuestros pecados de sensualidad y por el desprecio a la dignidad del cuerpo humano. Pidamos la virtud de la pureza y la templanza en nuestras vidas.
Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria y la oración de Fátima.
(Rezamos el Padre Nuestro…)
Padre nuestro, que estás en el cielo…
(Rezamos las diez Avemarías…)
Dios te salve, María, llena eres de gracia…
(Rezamos el Gloria…)
Gloria al Padre…
Oración de Fátima:
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Tercer Misterio Doloroso: La Coronación de Espinas
Lectura Bíblica (Mateo 27, 28-29):
«Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; e hincando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!”»
Meditación:
La soberbia humana es coronada en la frente divina con agudas espinas que penetran en la cabeza de Jesús. Los soldados se burlan de su realeza con sarcasmo y crueldad. Él, que sostiene el universo con su poder, acepta la humillación absoluta por amor a nosotros. Meditemos en cuántas veces nuestros malos pensamientos, nuestros juicios severos y nuestra soberbia intelectual han clavado espinas en el corazón de Cristo. Pidamos la gracia de la humildad de mente y corazón.
Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria y la oración de Fátima.
(Rezamos el Padre Nuestro…)
Padre nuestro, que estás en el cielo…
(Rezamos las diez Avemarías…)
Dios te salve, María, llena eres de gracia…
(Rezamos el Gloria…)
Gloria al Padre…
Oración de Fátima:
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Cuarto Misterio Doloroso: Jesús carga con la Cruz camino al Calvario
Lectura Bíblica (Juan 19, 17):
«Y él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota.»
Meditación:
Jesús, debilitado por la pérdida de sangre y la falta de sueño, carga sobre sus hombros llagados el pesado madero de la cruz. En cada paso que da, vacilante y doloroso, nos enseña el valor redentor del sufrimiento aceptado por amor. En el camino, se encuentra con su Santísima Madre; sus miradas se cruzan en un silencio lleno de dolor redentor. Pidamos la gracia de cargar nuestras propias cruces de cada día con paciencia, amor y perseverancia, sabiendo que no caminamos solos.
Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria y la oración de Fátima.
(Rezamos el Padre Nuestro…)
Padre nuestro, que estás en el cielo…
(Rezamos las diez Avemarías…)
Dios te salve, María, llena eres de gracia…
(Rezamos el Gloria…)
Gloria al Padre…
Oración de Fátima:
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Quinto Misterio Doloroso: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor
Lectura Bíblica (Lucas 23, 44-46):
«Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona… Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” Y dicho esto, expiró.»
Meditación:
Llegamos a la cumbre del monte Calvario. Contempla a Jesús clavado en la cruz, suspendido entre el cielo y la tierra. Desde su trono de dolor, solo brotan palabras de perdón, de misericordia y de entrega. Nos da a su propia Madre para que sea nuestra Madre en la persona de Juan. Al expirar, el velo del templo se rasga: el camino al Padre queda abierto para siempre. Adoremos el madero de la Cruz y pidamos la gracia de una santa muerte y el perdón total de nuestras culpas.
Ofrecemos: 1 Padre Nuestro, 10 Avemarías, 1 Gloria y la oración de Fátima.
(Rezamos el Padre Nuestro…)
Padre nuestro, que estás en el cielo…
(Rezamos las diez Avemarías…)
Dios te salve, María, llena eres de gracia…
(Rezamos el Gloria…)
Gloria al Padre…
Oración de Fátima:
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén.
Oraciones Finales
Unidos en un solo corazón, saludemos a nuestra Reina y Señora con la oración de la Salve, agradeciendo su intercesión constante.
La Salve:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Oración Final:
Te rogamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas, para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y su Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Despedida:
Querido hijo, querida hija, que la meditación de estos Misterios Dolorosos transforme tu corazón en este día. Que el dolor de Cristo sea tu consuelo en tus aflicciones y su cruz, la llave que te abra las puertas de la santidad. Ve en paz, llevando el amor de María y de Jesús en tu vida diaria.
Nos despedimos bendiciéndonos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. ¡Bendito sea Dios por siempre!
Para tu Devoción Personal
🛡️ Medalla de San Benito (Protección)
Al adquirir este artículo apoyas nuestra misión de oración sin costo extra para ti.