🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión

Evangelio según San Juan (17, 11b-19)

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo:

«Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; los custodié y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos la plenitud de mi alegría. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como yo no soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío al mundo. Y por ellos yo me consagro a mí mismo, para que también ellos sean consagrados en la verdad».


Reflexión del Séptimo Domingo de Pascua

Queridos hermanos en Cristo, nos encontramos en la antesala de Pentecostés. Las palabras de Jesús en este Evangelio representan su testamento espiritual, una oración íntima dirigida al Padre por cada uno de nosotros. Cristo no pide que seamos extraídos de la realidad cotidiana, sino que seamos preservados del mal mientras cumplimos nuestra misión en el mundo.

La santidad a la que somos llamados no es un aislamiento, sino una consagración en la verdad. Ser cristianos en el año 2026 implica ser fermento de unidad en un mundo fragmentado. Jesús reza por nuestra unidad: «que sean uno». Esta unidad es el testimonio más convincente que podemos ofrecer al mundo actual. Que la alegría de saberse protegidos por la oración constante del Señor fortalezca nuestra fe hoy.

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