🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión

Evangelio según San Juan (11, 45-56)

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.

Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación».

Pero uno de ellos, Caifás, que era Sumo Sacerdote aquel año, les dijo: «Ustedes no saben nada, ni caen en la cuenta de que les conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que perezca toda la nación».

Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

«Desde aquel día decidieron darle muerte.»

Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y se quedó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos subieron del campo a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se decían unos a otros: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?».


Reflexión Espiritual

Hermanos y hermanas, hoy, sábado previo a la Semana Santa, nos encontramos ante el misterio de la redención orquestado por la Providencia divina, incluso a través de las sombras de los hombres. Caifás, movido por intereses políticos, pronuncia una verdad eterna: Jesús muere para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos.

A menudo, nosotros también tememos que la presencia de Dios en nuestras vidas desestabilice nuestra comodidad o nuestras estructuras mundanas. Sin embargo, el sacrificio de Cristo nos enseña que solo a través de la entrega total se alcanza la verdadera libertad y la unidad. En este día, pidamos la gracia de no ser dispersores, sino constructores de unidad en el amor de Cristo.

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