🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio según San Juan (8, 1-11)
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo se acercaba a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo en el suelo. Al oírlo, se fueron retirando uno a uno, empezando por los más viejos. Se quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿donde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».
Reflexión: La Mirada que Restaura
Queridos hermanos, hoy lunes 23 de marzo de 2026, nos encontramos en la recta final de nuestra preparación cuaresmal. El Evangelio de hoy nos presenta uno de los encuentros más bellos y transformadores de la Escritura. Jesús se enfrenta no solo a la hipocresía de los acusadores, sino a la fragilidad humana representada en la mujer.
El silencio de Jesús al escribir en la tierra es un espejo donde los acusadores terminan viendo su propia miseria. Cristo no ignora el pecado, pero su prioridad absoluta es la salvación de la persona. Mientras el mundo busca la piedra para condenar, Jesús busca la palabra para levantar.
Que esta reflexión nos lleve a soltar las piedras que a veces guardamos contra nuestros hermanos y contra nosotros mismos. Solo quien se sabe perdonado puede amar profundamente. Que hoy resuenen en tu corazón estas palabras: «Tampoco yo te condeno».
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