🎧 Escucha el Evangelio y la Reflexión
Evangelio según San Marcos 9, 2-13
Lectura del santo evangelio según san Marcos:
En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo».
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
Y le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?». Él les contestó: «Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito de él».
Reflexión Espiritual
Queridos hermanos en Cristo, hoy el Evangelio nos sitúa en la cumbre del Monte Tabor. En este sábado 14 de febrero, la Iglesia nos invita a contemplar la Gloria de Jesús antes de iniciar, en pocos días, el camino cuaresmal.
La Transfiguración no es un simple espectáculo visual; es una preparación para la prueba. Pedro, Santiago y Juan reciben este anticipo de la resurrección para que sus corazones no desfallezcan ante el escándalo de la Cruz. La voz del Padre es clara: «Escuchadlo». En un mundo lleno de ruidos y voces contradictorias, el secreto de la vida cristiana reside en mantener el oído del corazón atento a la Palabra del Hijo.
Que esta visión de Cristo resplandeciente nos dé la fuerza para bajar al valle de nuestra vida cotidiana, llevando con nosotros la luz de la esperanza que ninguna tiniebla puede apagar. Amén.
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