Hoy, lunes 29 de diciembre de 2025, la Iglesia nos invita a meditar los Misterios Gozosos. Estos misterios, llenos de esperanza y humildad, nos recuerdan el gozo inmenso con que Dios Padre inició la obra de nuestra redención a través de la obediencia y el ‘Fiat’ de la Virgen María. Contemplamos la infancia de Jesús y los primeros pasos de nuestra salvación.


1º Misterio Gozoso: La Encarnación del Hijo de Dios

Contemplamos cómo el Ángel Gabriel anunció a María que concebiría y daría a luz a Jesús, y ella respondió: ‘Hágase en mí según tu palabra’. (Lucas 1:26-38)

Fruto del Misterio: La virtud de la Humildad y la docilidad a la voluntad de Dios.

2º Misterio Gozoso: La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel

Contemplamos cómo María, apenas encinta, visitó a su prima Isabel, llevando consigo la alegría de la presencia de Jesús. Al oír el saludo de María, el niño saltó de gozo en el vientre de Isabel. (Lucas 1:39-45)

Fruto del Misterio: La Caridad hacia el prójimo y el espíritu de servicio.

3º Misterio Gozoso: El Nacimiento de Jesús en Belén

Contemplamos el gran gozo de la Nochebuena, cuando la Virgen María dio a luz a Jesús, el Salvador, en un pesebre humilde. (Lucas 2:6-12)

Fruto del Misterio: La Pobreza de espíritu, el desapego y el amor a Jesús Sacramentado.

4º Misterio Gozoso: La Presentación de Jesús en el Templo

Contemplamos cómo María y José llevaron al Niño Jesús al Templo para presentarlo al Señor y cumplir la Ley, donde Simeón y Ana lo reconocieron como el Mesías. (Lucas 2:22-38)

Fruto del Misterio: La Pureza de corazón y la virtud de la Obediencia.

5º Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

Contemplamos cómo, a los doce años, Jesús se quedó en el Templo instruyendo a los doctores de la Ley, causando angustia y posterior gozo a María y José. (Lucas 2:41-50)

Fruto del Misterio: La Búsqueda constante de Jesús y la conversión.


La Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

(Seguir con las Letanías Lauretanas y la oración final del Rosario.)

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