Comenzando el Martes en la Presencia del Señor
Amado Padre Celestial, en este amanecer del martes 31 de marzo, me acerco ante Ti con un corazón humilde y sediento de Tu paz. Reconozco que este día es un regalo de Tu gracia inmerecida, y antes de que el ruido del mundo intente distraerme, decido enfocar mis ojos en Tu luz admirable.
“Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma.” (Salmos 143:8 RVR1960)
Señor, en los momentos de incertidumbre y en las batallas silenciosas que enfrento, te pido que Tu Espíritu Santo susurre esperanza a mi espíritu. Que este día no sea solo uno más en el calendario, sino una oportunidad para ver Tu mano obrando milagros en lo cotidiano. Fortalece mi fe para creer que lo mejor está por venir, pues Tú eres el Dios que restaura lo que parece perdido.
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3:22-23 RVR1960)
Gracias, Dios mío, porque Tu fidelidad es mi escudo y mi baluarte. En este martes, entrego mis preocupaciones en Tus manos y recibo Tu consuelo. Que mi caminar hoy refleje Tu amor y que cada paso que dé sea guiado por Tu sabiduría divina. En el nombre poderoso de Jesús, Amén.