Introducción

Querido hermano y hermana en Cristo, nos reunimos en espíritu de oración y penitencia para contemplar la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. Hoy, viernes 20 de febrero de 2026, nos sumergimos en los Misterios Dolorosos, acompañando a nuestra Madre, la Virgen María, al pie de la cruz. Que este Rosario sea un bálsamo para tu alma y una ofrenda de amor a Dios.

Oraciones Iniciales

Señal de la Cruz: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Credo de los Apóstoles: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Padrenuestro, tres Avemarías (por la fe, esperanza y caridad) y Gloria.

Los 5 Misterios

Primer Misterio Doloroso: La Agonía de Jesús en el Huerto

Lectura: “Llegaron a un lugar llamado Getsemaní… Y adelantándose un poco, cayó en tierra y oraba que, si fuera posible, pasara de Él aquella hora.” (Marcos 14, 32-35).

Meditación: Contemplamos a Jesús sudando gotas de sangre ante el peso de nuestros pecados. En este silencio, pidamos la gracia de la verdadera contrición y la fuerza para aceptar siempre la voluntad del Padre, incluso en medio de la angustia.

Segundo Misterio Doloroso: La Flagelación de Nuestro Señor

Lectura: “Entonces Pilato tomó a Jesús y mandó azotarle.” (Juan 19, 1).

Meditación: El cuerpo purísimo del Salvador es desgarrado por los azotes. Meditemos en cómo Jesús ofrece Su dolor físico para reparar nuestras ofensas contra la pureza y los excesos de nuestros sentidos. Pidamos la virtud de la mortificación.

Tercer Misterio Doloroso: La Coronación de Espinas

Lectura: “Le desnudaron, le pusieron una túnica de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza.” (Mateo 27, 28-29).

Meditación: El Rey de Reyes es humillado y escarnecido. Consideremos cuántas veces lo coronamos con nuestra soberbia y malos pensamientos. Pidamos la gracia de la humildad y la limpieza de mente para seguir a Cristo con sinceridad.

Cuarto Misterio Doloroso: Jesús carga con la Cruz a cuestas

Lectura: “Y cargando Él mismo con la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario.” (Juan 19, 17).

Meditación: Jesús camina hacia el Gólgota agotado, pero con amor infinito. En este misterio, unámonos a Sus sufrimientos aceptando nuestras propias cruces diarias con paciencia, sabiendo que no caminamos solos, pues Él nos sostiene.

Quinto Misterio Doloroso: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor

Lectura: “Jesús, dando un fuerte grito, dijo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’. Y dicho esto, expiró.” (Lucas 23, 46).

Meditación: Al pie de la cruz, junto a María, contemplamos el sacrificio supremo. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Pidamos el perdón de nuestros pecados y la gracia de una santa muerte en el regazo de la Iglesia.

Oraciones Finales

La Salve: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Letanías Lauretanas (Resumen): Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Santa María, ruega por nosotros. Santa Madre de Dios, ruega por nosotros. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.

Despedida: Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ti y te acompañe siempre. Ve en paz para amar y servir al Señor. ¡Ave María Purísima! Sin pecado concebida.

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