San Claudio de la Colombière: El Apóstol del Sagrado Corazón
El 15 de febrero la Iglesia Católica celebra la festividad de San Claudio de la Colombière, un hombre cuya vida estuvo marcada por una profunda humildad, una obediencia inquebrantable y, sobre todo, por ser el instrumento providencial para la difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En este domingo de 2026, recordamos a este jesuita francés que supo ver en el amor de Cristo el remedio para los males de su tiempo y del nuestro.
Orígenes y vocación de un siervo fiel
Claudio nació el 2 de febrero de 1641 en Saint-Symphorien-d’Ozon, cerca de Lyon, Francia. Desde muy joven mostró una inclinación hacia la vida intelectual y espiritual, lo que lo llevó a ingresar en la Compañía de Jesús a los 17 años. Su formación fue rigurosa, destacándose no solo por su inteligencia, sino por una sensibilidad espiritual que lo hacía destacar entre sus pares. Sin embargo, su camino no estuvo exento de luchas internas; Claudio era consciente de sus propias debilidades y de la tentación de la vanidad que acechaba a los hombres de gran intelecto.
Tras su ordenación sacerdotal, desempeñó diversos cargos como profesor y predicador. Fue en estos años donde forjó su doctrina de la confianza absoluta en la Divina Providencia, un tema que recorrería todos sus escritos posteriores. Para Claudio, la santidad no consistía en realizar actos extraordinarios, sino en aceptar con amor la voluntad de Dios en cada detalle de la vida cotidiana.
El encuentro místico en Paray-le-Monial
El punto de inflexión en la vida de San Claudio ocurrió en 1675, cuando fue nombrado superior de la casa de los jesuitas en Paray-le-Monial. En este pequeño pueblo se encontraba el convento de la Visitación, donde una joven monja llamada Margarita María Alacoque afirmaba recibir revelaciones de Jesús sobre su Sagrado Corazón. Margarita María vivía momentos de gran angustia, pues muchos dudaban de la veracidad de sus visiones, tachándola de visionaria o enferma.
Dios, en su infinita misericordia, le había prometido a la santa que le enviaría a su “siervo fiel y amigo perfecto” para guiarla. Ese hombre era Claudio de la Colombière. Al confesar a Margarita María, Claudio reconoció inmediatamente la acción del Espíritu Santo en ella. No solo validó sus experiencias místicas, sino que él mismo se consagró al Sagrado Corazón, convirtiéndose en el primer gran impulsor de esta devoción que cambiaría la faz de la Iglesia.
La misión en Inglaterra: Entre la gloria y el martirio
En 1676, Claudio fue enviado a Londres como capellán de la Duquesa de York, María de Módena, quien era católica. Inglaterra era en ese momento un terreno hostil para el catolicismo, con leyes severas que prohibían el ejercicio del sacerdocio. A pesar de los riesgos, Claudio trabajó incansablemente, predicando con valentía y logrando numerosas conversiones.
Su estancia en Londres, sin embargo, se vio truncada por el llamado “complot de Oates”, una falsa conspiración papista destinada a eliminar la influencia católica en la corte. Claudio fue arrestado bajo falsas acusaciones de traición. Pasó meses en una prisión fría y húmeda, lo que deterioró gravemente su salud. Gracias a su condición de súbdito francés y a la intervención del rey Luis XIV, evitó la ejecución, pero fue expulsado de Inglaterra en 1679 con los pulmones gravemente afectados por la tisis.
Un legado de confianza y amor
De regreso en Francia, Claudio pasó sus últimos años en Paray-le-Monial, el lugar donde su alma había encontrado su misión definitiva. A pesar de su debilidad física, continuó siendo el director espiritual de muchas almas, enfatizando siempre que el amor de Dios es infinito y que el Corazón de Jesús es una fuente inagotable de perdón. Falleció el 15 de febrero de 1682, a la edad de 41 años.
Su legado escrito es un tesoro para la espiritualidad católica. Sus “Retiros Espirituales” y sus cartas muestran a un hombre que vivía lo que predicaba. Una de sus frases más célebres resume su filosofía de vida:
“Dios mío, estoy tan convencido de que cuidas de los que esperan en Ti, y de que nada puede faltar a quien de Ti lo espera todo, que he decidido vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando en Ti todas mis inquietudes”
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Relevancia de San Claudio en el siglo XXI
Celebrar a San Claudio de la Colombière en 2026 nos invita a reflexionar sobre la importancia del acompañamiento espiritual. En un mundo hiperconectado pero a menudo solitario, la figura de Claudio como el guía que escucha y discierne es más relevante que nunca. Además, su defensa del Sagrado Corazón nos recuerda que el cristianismo no es una ideología ni un conjunto de normas, sino un encuentro personal con el amor encarnado.
- La Confianza: Nos enseña a abandonar la ansiedad por el futuro.
- La Humildad: A pesar de sus talentos, siempre buscó la gloria de Dios.
- La Amistad: Su apoyo a Santa Margarita María es un ejemplo de cómo la fe se fortalece en comunidad.
San Claudio fue canonizado por el Papa San Juan Pablo II en 1992, quien lo propuso como un modelo de la “nueva evangelización”. Al pedir su intercesión hoy, pedimos la gracia de ser, como él, amigos perfectos de Jesús y servidores fieles de su amor en medio del mundo.